¿Podemos prevenir las infecciones mediante una buena alimentación?

La respuesta es sí. Se han desarrollado una serie de prácticas y protocoles estándar de salud pública para ayudar a limitar la propagación y el impacto de los virus respiratorios, como lavarse las manos regularmente, evitar aquellos que muestran síntomas de infección y cubrir las zonas expuestas. En muchos países y para ciertos virus existen campañas de vacunación anuales diseñadas para estimular la respuesta inmune en caso de exposición. 

Sin lugar a dudas, las prácticas de higiene pública y las vacunas, cuando están disponibles, pueden ser mecanismos efectivos para proporcionar protección contra las enfermedades infecciosas. Sin embargo, las vacunas pueden tardar años en crearse, o no están disponibles contra todos los virus como estamos viendo en el actual coronavirus SARS-CoV-2.

Los investigadores de una revisión publicada en Nutrients concluyen que los funcionarios de salud pública deberían emitir un conjunto de recomendaciones nutricionales para complementar los mensajes sobre el papel del lavado de manos y las vacunas, en la prevención de la propagación de infecciones.

Podemos decir que el sistema inmune está compuesto por respuestas innatas (rápidas, no específicas de antígeno) y adaptativas (más lentas, específicas de antígeno). 

El sistema inmune innato se compone de barreras físicas que ayudan a prevenir la entrada de patógenos. Además se mueve rápidamente para reconocer y destruir las amenazas «no propias», generalmente a través de procesos inflamatorios. Sin embargo, la inmunidad innata no aumenta la eficacia con la exposición repetida a un patógeno.  La respuesta adaptativa es posterior a la innata y mediante células específicas destruye las células infectadas por virus, o sintetiza anticuerpos específicos para el patógeno que nos ha infectado. También es responsable de generar «memoria» inmunológica, por lo que una infección repetida con el mismo patógeno generará una fuerte y rápida respuesta específica de antígeno. Este es el  mecanismo por el cual las vacunas pueden proporcionar protección contra la posterior exposición a patógenos.

El papel que juega la nutrición en el apoyo al sistema inmunitario está bien establecido. Una gran cantidad de datos muestran que las vitaminas, A, B 6 , B 12, C, D, E y folato; oligoelementos, incluidos zinc, hierro, selenio, magnesio y cobre; y los ácidos grasos omega-3, juegan un papel importante y complementario en el apoyo al sistema inmune.

Las infecciones agudas del tracto respiratorio son una causa importante de morbilidad y mortalidad en todo el mundo, como lo ilustran tanto las epidemias de gripe estacional como el brote reciente de la enfermedad por coronavirus, COVID-19.

En particular, la vitamina C, la vitamina D, el zinc y un ácido graso omega-3 que se encuentra en el pescado, el ácido docosahexaenoico, también conocido como DHA, son críticos para la función inmunitaria.

De hecho, con la excepción de la vitamina E y el magnesio, a cada uno de estos micronutrientes se le han otorgado declaraciones de propiedades saludables, en la Unión Europea, por contribuir a la función normal del sistema inmunitario. Por ejemplo la deficiencia de vitamina D aumenta el riesgo de infección respiratoria,  esto significa que la vitamina D influye profundamente en su respuesta a las infecciones . Los ácidos grasos omega-3 también apoyan un sistema inmunitario eficaz, específicamente al ayudar a resolver la respuesta inflamatoria. Los resultados clínicos también demuestran un papel para la vitamina E en las infecciones del tracto respiratorio. Por otra parte sabemos que la vitamina C tiene funciones importante incluido el crecimiento y la función de las células inmunes y la producción de anticuerpos. Los receptores de vitamina D en las células inmunes también afectan su función.

Actualmente la población presenta inadecuados hábitos de alimentación con un alto consumo de productos de baja riqueza nutricional lo que redunda en una disminución de la resistencia a las infecciones y, en consecuencia, un aumento de la carga de la enfermedad.

Por eso los investigadores de esta revisión recomiendan no solo un complemento multivitamínico diario, sino dosis mas altas de las recomendadas, de 200 mg o más de vitamina C y 2.000 unidades internacionales de vitamina D, en lugar de 400 a 800 según la edad.

En esta revisión se concluye que es necesario que se realicen un conjunto de recomendaciones nutricionales claras, dada la importancia que juega la nutrición en la función inmune.

Se debería  hacer mas hincapié en la necesidad de una alimentación adecuada y de riqueza nutricional que evite las deficiencias o el estado subóptimo en micronutrientes como complemento a las medidas de higiene y las vacunas que aunque son efectivas no son infalibles.

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